Apenas terminada la edicion y masterización del disco La Voz de la Piedra, iniciamos una tarea de difusión del materia. Los medios que disponíamos en 2004/2005 no son los actuales, por lo que casi toda la comunicación la realizábamos a través de correos electrónicos.

Es asi que recibimos una llamada de la Universidad de Sussex -Inglaterra-, en la que nos comentan que estan trabajando en la organizacion del Primer Encuentro Mundial de Pastores, y que enterados de nuestro trabajo en el norte de Fiambalá, querian invitar a dos vidaleras a participar del mismo.

El Encuentro tuvo la participación del Departamento del Reino Unido para el Desarrollo Internacional, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas en Etiopía, el Gobierno de Etiopía, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo -Iniciativa Mundial para el Pastoreo Sostenible (WISP), el Instituto de Estudios sobre Desarrollo del Reino Unido, asi como la Oxfam de África Oriental, ACORD de África Oriental y Occidental, Africa Expeditions de Kenia, Viajes Etiopía, Aerolíneas de Etiopía, al Centro de Investigaciones de Omo del Sur de Etiopía y a la Iniciativa de Comunicación entre Nómadas (PCI) de Etiopía, para hacer posible la participación de 200 personas de 23 países, un evento sin precedentes en el mundo.

Es asi que Elisa (Elisita) Muñoz y Angélica Reales, dos vidaleras de Fiambalá que habían participado de la grabación del disco La Voz de la Piedra, se encontraron viajando a la localidad de Turmi, en el sur de Etiopía, en el continente Africano.

El viaje en si ya fue toda una experiencia para quienes sólo habian podido viajar de Fiambalá a San Fernando del Valle de Catamarca. Aeropuertos internacionales, esperas, trasbordos, una odisea hasta llegar a Addis Abeba (capital de Etiopia), desde donde en otro vuelo en un pequeño avión llegaron a Jinka, para finalmente en una vieja combi arribar a Turmi tras 2 horas mas de viaje por tierra.

Y ESTABA DONDE NACI LO QUE BUSCABA POR AHI

La organización de un encuentro de estas características, requirió de grandes esfuerzos. Se invitó a los ganaderos nómadas más importantes de más de 30 países, solicitando la participación de dos a cuatro delegados pastores, así como de un representante gubernamental. Desde las sabanas del norte de Kenia a las estribaciones andinas de Argentina, las nieves de Mongolia, los desiertos de Siria y hasta de los bosques de la India nos llegó información de las consultas iniciadas. El proceso no estuvo exento de problemas.

Algunos de los contactos no-ganaderos tenían dificultades para entender que pudieran participar en un acontecimiento mundial, ganaderos nómadas que no sabían leer ni escribir. Desde siempre, los idiomas, la alfabetización, la cultura y las costumbres han sido utilizados para excluir a los dirigentes nómadas de la toma de decisiones. Afortunadamente la organización tenía claro que era necesario desmitificar estos prejuicios hacia los nómadas, por lo que se aseguró su participación.

Elisa y Angélica coincidian en que «al llegar a ese mundo, donde ellos estan tan orgullosos de sus razas, nos reencontramos con lo que es nuestro, volvimos la mirada a nuestra tierra, que a la vez estaba tan lejos».

«Vimos aun más el valor de nuestras cosas por que en el Encuentro, poder explicar quienes somos y que hacemos, nos causo una profunda impresión», relata Angélica. Hoy dice convencida que «la negación de la sangre es el gran desastre que trajo la colonización del blanco, y lo digo asi guste o no, porque de los ‘negritos’ como nos dicen casi siempre y de mal modo, aunque les pese, son los dueños de la tierra. Quien no se reconoce, no tiene lugar, siempre andará buscando. Para maltratarnos nos dicen ‘coyas’, pero ese es otro pueblo. Nosotras somos Diaguitas, esa es nuestra sangre».

CONCLUSIONES DEL 2005

El Encuentro permitió descubrir cómo los ganaderos nómadas y sus aliados han logrado reconocimiento y participación política a pesar de la distancia -física y cultural- que les separa de los gobiernos nacionales. Han sabido recuperar leyes antiguas que protegían sus derechos comunales a la tierra, al agua y a la movilidad; han logrado servicios sociales y propuesto con éxito nuevas leyes que reconocen su lugar en el mundo moderno y el papel que desempeñan como guardianes de muchos de los ecosistemas más valiosos de la Tierra.

Pero tambien sirvió para constatar que tribus enteras de nómadas están perdiendo sus tierras y su forma de vida a una escala escalofriante. Inversores, especuladores y competidores por el uso de sus tierras se han anexionado territorios valiosos para la explotación minera, para cultivos de regadío, reservas cinegéticas o pozos petrolíferos, dejando a cambio solo miseria.

Para los más de 200 millones de nómadas del mundo, el hecho de ser ciudadanos con derecho a la tierra, a los servicios sociales y a la participación política es un sueño todavía lejano, más lejano aún en el caso de las mujeres. Los hombres y las mujeres desempeñan papeles muy distintos, y las relaciones entre las mujeres nómadas y los gobiernos suelen estar basadas en malentendidos.

El grado de organización y de educación de los propios ganaderos nómadas es determinante para lograr su éxito. En Israel, los hombres y las mujeres beduinas han desarrollado una capacidad de influencia prodigiosa. En Irán, una educación libre ha potenciado la capacidad y el prestigio social de los ganaderos. En muchos países de África Occidental la presión de los pueblos nómadas por lograr su reconocimiento ha llevado al desarrollo de leyes pastoriles.

La cuestión de Género también pudo ser expuesto. Para muchas mujeres africanas lo frustrante no es el matrimonio en sí, sino la forma en que es concertado. Se sentían como un producto en venta, ya que sus padres eligen a los pretendientes según puedan pagar un determinado número de vacas, con lo que el trato queda cerrado; se las vendía y casaba sin darles siquiera la oportunidad de
opinar. Las mujeres más jóvenes expresaron su frustración ante esta situación y sus aspiraciones y sueños a un matrimonio más romántico. A los hombres les preocupaban más los conflictos y las penurias que debían enfrentar a diario. Reconocían que el matrimonio se acordaba tal y como las chicas lo habían descrito, pero no veían la necesidad de cambiar las cosas.